martes, 10 de julio de 2012

Los papeles del diablo.

Últimamente los seres humanos solo tenemos en mente a esos endemoniados papeles de colores y lo mucho que cuesta ganarlos. El trabajo se pierde y por lo tanto, nos quedamos sin ellos. Y sin ellos, no podemos vivir.

¿O si?

No sabría como definirme cuando hablo sobre este tema. ¿Soy materialista? Siempre digo que no lo soy, pero después, me desvivo por algunos objetos de los cuales puedo prescindir sin ningún problema. Pero me consuela pensar que esto pasa por ley de vida. La presión social. Los amigos que te dicen que se han comprado un ipod, un ordenador nuevo, una televisión de plasma de tropecientas pulgadas y varias cosas más. Y por desgracia, muchos se sienten superiores a ti por tener cosas que tu no puedes permitirte.

Siempre he sido "la amiga pobre" ya que mi economía no es precisamente la mejor del mundo. En teoría no tendría que haber problema con eso, pero soy humana y hay cosas que me repatean.

Pongamos un ejemplo que hace que tenga ganas de dar más de un sillazo en la cara: "Quieres algo. Con todas tus fuerzas. No importa lo que sea, pero te desvives por ello. Lo necesitas, tienes muchísimas ganas de tenerlo entre tus manos. Decides ahorrar para conseguirlo, privándote de cosas que haces normalmente. Pero no te importa hacerlo, ya que la satisfacción que recibirás al tener eso que tanto ansias en tus manos valdrá mucho la pena. ¿Y que pasa? Que dos días después de que empezaras a ahorrar, descubres que alguien cercano a ti tiene eso que tanto quieres. Que lo ha conseguido sin ningún esfuerzo, simplemente por que tiene dinero y puede permitirselo."

Jode, ¿verdad?
Llamadme lo que queráis pero esa situación me da muchísima rabia. Y después de muchas situaciones parecidas al ejemplo de arriba, he empezado a odiar el dinero y todo lo que representa.

Odio que todo dependa de esos malditos papeles y sus respectivas monedas. Me toca las narices que tenga que dejar muchos sueños apartados en un rincón por que no puedo permitirme los gastos que requieren.

(Sin dinero, todos seríamos ricos.)



And that's why I hate the world.

En realidad, odio odiar.

Y mírame.
Cualquiera diría que no tengo nada mejor que hacer una noche a la 1:19 a.m, ¿verdad? Pues aquí estoy, intentando ponerle un principio a algo que no sé si funcionará.

Un blog. Un blogspot. Qué típico.

Pero llega un momento en el que ya te da igual si tus ideas son típicas o si sabes que nadie leerá lo que escribes. Por que lo único que necesitas es desahogarte. Explicarle a alguien lo que sientes de forma anónima aunque nadie te conteste y te diga que te apoya. Por que al menos tú ya habrás contado lo que te ronda por la cabeza y, por un momento, te sentirás más libre que antes.

Últimamente siento que estoy en modo "hater" total. Como si alguien hubiera presionado un botoncito imaginario en mi cabeza que indicara que, después de pulsarlo, acabaría odiándolo todo. Absolutamente todo. Cualquier cosa. Y por eso le he puesto ese título tan "emo" al blog. Por que necesito contar por qué odio al mundo y a muchos de sus habitantes. Por qué hay días en los que mandaría a todo el mundo a paseo y por qué siento cosas que no quiero sentir.

Aunque sé que nadie me va a contestar: "Te entiendo, yo también lo odio."


And that's why I hate the world.